Viejas malas costumbres

A veces nos acostumbramos a ciertas cosas de las que cuesta despegarse.

Hoy me enojé y le grité, porque estaba acostumbrada a enojarme y gritar.
Sentí que me estaba traicionando, que me debía algo, pero después entendí, que le debía algo a la Sofi que yo era antes. La Sofi de hoy, no necesitaba lo que estaba reclamando, simplemente, estuvo acostumbrada mucho a tiempo a reclamarlo, y lo reclamó una vez más sin pensar.

Salí enojada, hasta que reaccioné y entendí que no podía exigir lo que estaba exigiendo.
Ahí se presentó mi señor ORGULLO.
El señor, con sus interminables argumentos trató de convencerme y hacerme creer que yo estaba haciendo bien en enojarme.
Después de un par de horas de discutirle, lo hice callar y pedí perdón:

"Perdón, te amo"

Y crecí.
Hoy crecí.

Comentarios

Publicar un comentario